Más de quince años han transcurrido desde cuando Max Scheler, con una valiente sinceridad entonces única, denunciaba la terrible condición en que se encontraba la cultura europea y la educación espiritual. Pero las palabras proféticas del filósofo, tan apasionadamente admirador por nuestros jóvenes, resonaban llenas de esperanzas, anunciando la transformación, el renacimiento, la renovación de valores.

Será como el primer paso a través de un jardín florido, de uno que hubiera permanecido por largos años en una obscura prisión. La prisión es nuestro mundo y su civilización; un mundo limitado de intelecto y adelantado sólo en aquello que es mecánico o mecanizable…

Elaborado por: GM Lily de Haro

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